Fístula en gatos: cómo tratar
Fístula (fístula) es una abertura patológica en forma de canal revestido de epitelio o tejido de granulación que conecta órganos internos huecos entre sí o con el exterior. No es aceptable tratar una fístula en un gato por cuenta propia, ya que es necesario averiguar y eliminar la causa de su formación, y en la mayoría de los casos esto requiere intervención quirúrgica.

Contenido
Tipos de fístulas
Las fístulas patológicas pueden formarse en gatos en diferentes partes del cuerpo y por diferentes causas. Según su origen, pueden ser congénitas o adquiridas. Las primeras son consecuencia de anomalías durante el desarrollo intrauterino, las segundas se forman durante la vida, como resultado de un traumatismo o enfermedad.
El canal de una fístula congénita puede ser recto o curvo, y generalmente está cubierto por un tejido epitelial liso y uniforme, típico de una mucosa sana. No está inflamado y sirve como abertura para la salida del organismo de secreciones o productos de desecho (saliva, bilis, orina o heces). Esta fístula a menudo no causa molestias al gato y solo es peligrosa como puerta de entrada para infecciones.

Las fístulas adquiridas en un gato se forman:
- como consecuencia de un proceso inflamatorio acompañado de necrosis tisular;
- por una herida penetrante con posterior infección bacteriana;
- como resultado de lesiones internas (fracturas óseas, daños involuntarios a órganos durante una cirugía);
- como resultado de un absceso avanzado;
- por la introducción de un objeto extraño debajo de la piel.
Estos canales patológicos no son seguros para el animal y pueden tener graves consecuencias. Su superficie interna está inflamada, revestida de tejido de granulación, a menudo supura y no cicatrizan por sí solos.
Las fístulas también se clasifican según su localización.
Salivales
Se forman por inflamación de oídos, glándulas salivales, conductos dentales o raíces. De todos los tipos, estas fístulas en gato se tratan con relativa facilidad.
Paraanales
Una fístula en un gato debajo de la cola puede estar causada por hipotermia, traumatismo o infección, inflamación de las glándulas situadas en la zona de transición del recto al ano.

Fecales
Son fístulas patológicas que se forman en la parte distal (inferior) del colon como resultado de un traumatismo o después de una cirugía. Si la fístula fecal no supura y la cirugía no está recomendada para el gato por su estado de salud, a veces no se elimina.
Intestinales
Se localizan en la parte superior del intestino ((intestinum tenue). Las causas son la obstrucción del intestino delgado provocada por un tumor o una intervención quirúrgica fallida.
Urinarias
Aparecen como resultado de un traumatismo o de la presencia de una neoplasia en los órganos genitourinarios. Salen al exterior o conectan la vejiga urinaria o la uretra con la vagina o el intestino.
Biliares
La formación de fístulas entre la vesícula biliar y el conducto hepático puede deberse a un traumatismo, colecistitis de cualquier etiología, incluida la de origen parasitario, tumores o cálculos de las vías biliares. Estas fístulas patológicas son las más dolorosas y difíciles de tratar.

Purulentas
Se desarrollan como resultado de la rotura de un absceso, y con mayor frecuencia aparecen en las extremidades del animal, cuando debajo de la piel de la pata o entre las garras hay un cuerpo extraño que causa inflamación o suciedad que ha entrado en un corte profundo.
Signos de fístula en un gato
A menudo, una fístula en el gato se confunde con un absceso «maduro». Sin embargo, los síntomas clínicos de estas patologías son diferentes. Un absceso se presenta como una hinchazón densa y dolorosa que, al presionarla, libera pus. Tras la apertura y limpieza del absceso, el «bulto» desaparece y la herida cicatriza.
Una fístula tiene el aspecto de un embudo profundo con bordes irregulares; si su canal está cubierto de células de granulación, tiene forma de roseta irregular. Por el orificio rezuma constantemente serosidad, pus o productos de la actividad del órgano del que se formó la fístula (orina, heces). La piel alrededor de la fístula está inflamada, pica, los tejidos necróticos desprenden un olor desagradable perceptible.

La herida permanece abierta, por lo que la principal complicación, muy peligrosa, que puede surgir a causa de una fístula es la infección de la sangre (sepsis). A menudo no se puede salvar a un animal con sepsis desarrollada ni siquiera en una clínica.
Diagnóstico y tratamiento
Para curar una fístula en el gato, es necesario determinar la causa de la fístula patológica. El diagnóstico incluye la exploración del animal y la realización de una serie de pruebas de laboratorio e instrumentales. Estas pueden ser:
- análisis de sangre (general y/o bioquímico);
- detección de posible infección en el biomaterial extraído de la cavidad de la fístula mediante cultivo bacteriológico y/o con microscopio electrónico;
- biopsia (si se sospecha la presencia de cáncer);
- exploración de la zona afectada mediante ecografía o resonancia magnética.
El médico decide cómo tratar la fístula en el gato. El plan de tratamiento en cada caso concreto será individual, en función de los resultados del diagnóstico, el estado y la edad del animal.

Algunas fístulas granulantes adquiridas se curan sin cirugía. La terapia puede incluir:
- limpieza del canal (eliminación de pus o productos de la actividad del organismo que salen a través de la fístula);
- lavado de la fístula con una solución desinfectante (Clorhexidina, alcohol etílico al 40%, solución de permanganato potásico al 0,5%);
- aplicación de un vendaje con agentes cicatrizantes, antiinflamatorios y antibacterianos (linimento o pomada de sintomicina, pomada de Vishnevski, dioxidina, pantenol, pomada de ictiol);
- en algunos casos, para acelerar la cicatrización, es necesario colocar una sutura autoabsorbible que cierre el borde de la fístula, y sobre ella, un ungüento con efecto antibacteriano, secante y antiinflamatorio, y un vendaje estéril;
- administración oral de medicamentos que suprimen la acción de microorganismos patógenos y fortalecen el sistema inmunológico.
En el caso de fístulas epitelizadas en gatos, el tratamiento es quirúrgico en la mayoría de los casos y se realiza bajo anestesia.

En las fístulas congénitas, cuyos conductos están recubiertos de epitelio sano, se realiza la extirpación de la fístula. Durante la operación, con una cucharilla quirúrgica se extrae una pequeña parte de los tejidos del conducto de la fístula; luego, se trata con antisépticos y se sutura según una técnica especial. Por lo general, no se observan recidivas tras dicha operación y el período de recuperación es mínimo.
En el caso de una fístula adquirida, el tratamiento quirúrgico incluye las siguientes etapas:
- Eliminación del foco del proceso inflamatorio (extracción de cuerpos extraños, tejidos necrosados y granulaciones excesivas formadas como resultado de la formación de la fístula patológica). Esta es una etapa importante del tratamiento, ya que debido a los fragmentos de tejido muerto que quedan dentro de la fístula, la enfermedad puede recidivar.
- Lavado minucioso de la cavidad de la fístula con una solución antiséptica (se utiliza Clorhexidina, Furacilina, Cloramina, Miramistina, alcohol etílico al 40%, peróxido de hidrógeno al 3%, solución de permanganato de potasio al 0,5%).
- Aplicación de ungüentos medicinales (Neomicina, Oflomelida, Levomekol) en el orificio de la fístula y en la zona circundante.

El lavado repetido del trayecto fistuloso y la colocación de un vendaje nuevo con antibiótico es muy importante; estos procedimientos se realizan a diario hasta la completa cicatrización. Aseguran la formación segura de granulaciones, un tipo especial de tejido conjuntivo que llena gradualmente la cavidad de la fístula.
Si el estado del gato no permite realizar la cirugía bajo anestesia, para mantener la fístula en condiciones satisfactorias y prevenir el desarrollo de inflamación, se utilizan agentes antimicrobianos y antiinflamatorios tópicos e inyecciones de antibióticos de amplio espectro (Ampicilina, Ceftriaxona, Levofloxacino).
Prevención
No existen medidas específicas para la prevención de la formación de fístulas en gatos.

Los veterinarios recomiendan seguir las reglas generales para mantener la salud de los animales:
- inspeccionar periódicamente a la mascota por cuenta propia para detectar a tiempo cambios en el estado de su sistema digestivo y excretor;
- no descuidar los exámenes de control programados con el veterinario. En caso de aparición de síntomas preocupantes, consultar al veterinario fuera del horario previsto;
- en caso de que el gato sufra una lesión, realizar su tratamiento de manera oportuna;
- realizar la limpieza de las glándulas paraanales del gato periódicamente, ya sea por cuenta propia o en la clínica veterinaria;
- realizar el tratamiento antiparasitario del animal en los plazos establecidos;
- proporcionar al gato suficiente actividad física;
- no permitir que el gato se sobrecaliente o se enfríe;
- mantener en buen estado el sistema inmunitario de la mascota;
- organizar una dieta adecuada. El alimento del gato debe ser de calidad y equilibrado.
Lea también:
- Qué antibióticos humanos se pueden dar a los gatos
- Glándulas paraanales en gatos
- Cómo poner una inyección intramuscular a un gato
Añadir comentario